A la hora de comprar una casa y pedir un préstamo, las dudas que surgen son generalizadas, sobre todo en cuanto al tipo de interés que se va a elegir: fijo o variable.
Lo primero que hay que tener claro es la diferencia entre ambos: hablamos de tipo de interés
Fijo cuando se aplica un tipo conocido previamente y es el mismo durante toda la vida del préstamo. Sin embargo, es Variable cuando se aplica un tipo de interés referenciado a un índice que varía a lo largo de la vida de la operación.
Otra tercera vía es la del tipo de interés Mixto, que se trata de mezclar los dos
anteriores. Podría decirse que es un préstamo a tipo variable pero con un periodo inicial a tipo fijo superior a un año.
Características de cada préstamo
En función del tipo de interés que se escoja a la hora de pedir el préstamo, las
características de éste pueden ser muy distintas:
En el caso de optar por el Interés Fijo, la cuota a pagar mensualmente será siempre
constante. La gran ventaja de esto es que ofrece la posibilidad de planificar con certeza la parte de ingresos que vamos a destinar a pagar la mensualidad durante el periodo de tiempo que dure el préstamo. Entre sus inconvenientes hay que destacar la obligación de pagar una mayor comisión de cancelación (hasta un 4%), que en el caso del Variable es del 1%. Esto quiere decir que se encarecerá la opción de cancelar la operación en un futuro, ante la posibilidad de encontrar un crédito más barato. Sin embargo, el gran inconveniente es que las diferentes entidades acostumbran a limitar a 15 años el plazo máximo, frente a los 30 ó 35 años que pueden llegar a ofrecer en préstamos a tipo variable. Esto obliga al cliente que desee pedir el préstamo a muy largo plazo a decantarse por el interés variable.
Por su parte, el Interés Variable ofrece unas condiciones radicalmente distintas. Su
principal característica es que cada año, o periodo, se revisará la cuota a pagar cada mes en función de la evolución del índice de referencia (Mibor, Euribor, Ceca, Deuda
Pública...). Además, al índice se le aplica un diferencial y, en algunos casos, un posterior redondeo al cuartil superior que nos dará el tipo aplicado en cada periodo. Estos préstamos comienzan con un periodo inicial de entre seis meses y un año en el que se puede disfrutar de un tipo de interés fijo, que suele ser bajo, con el que la entidad busca un efecto comercial.
De esta forma, cuando se producen variaciones en los tipos, las consecuencias en uno u otro caso son inversas. Así, en el caso de que los tipos suban, el particular que haya elegido un préstamo a tipo fijo se verá beneficiado, no así cuando los tipos bajen. En este último caso, serán los clientes que se hayan decantado por los préstamos a tipo variable los que saldrán ganando.